05 enero, 2009

Federalismo y cultura

El Dr, Bidart Campos preparó en su momento y para el Circulo Doxa de la ciudad de Buenos Aires un documento titulado ¿Un federalismo cultural? que puede bajarse completo en formato pdf. Se preguntaba el prestigioso constitucionalista:

Si el federalismo es una forma de Estado que acoge la descentralización política con base territorial para reunir en una unidad política común a varias entidades estaduales autónomas, quizá podemos sugerir que, en cierta medida, concilia la unidad y el pluralismo, la fuerza centrípeta y la fuerza centrífuga.
A partir de acá, veamos si en el ámbito cultural argentino hay algo semejante al federalismo, que nos muestre una pluralidad cultural componiendo una cultura común.
¿Será algo parecido a una descentralización cultural que converge hacia una sociedad
pluricultural?


El desarrollo de las posibles respuestas a esta pregunta deberán leerlo en el documento original. Pero hay dos ideas que el autor toma del mundo español y que nos parecen particularmente relevantes para nuestra profesión:

La simbiosis de lo común o general con las diversidades diferenciales se puede ejemplificar en el preámbulo de la constitución de España, cuando en su párrafo cuarto expresa la voluntad de la “Nación española” de “proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones”. La alusión a “las culturas” (en plural) se compagina con el propósito de “promover el progreso de “la cultura” (en singular) que aparece a renglón seguido en el párrafo quinto del mismo preámbulo.

Ese camino desde las culturas que nos forman e informan hacia una cultura en común lo analiza, renglones después, siguiendo también a un autor español:

Cuando Ortega puso en boga su axioma de que “yo” soy “yo y mi circunstancia” hizo entablar una relación visceral entre “yo” y “el otro” como partes de un “nosotros”. Comprender al “otro”, integrar la “nostridad” en un multiculturalismo, permite vivir la propia identidad –personal y colectiva – en mancomunidad con la diferencia, que es tanto como decir: mi identidad es diferente de otras identidades, pero la sumatoria de identidades y diferencias necesita convivir igualitariamente en el ámbito solidario de la antes aludida nostridad multicultural.

Así, en su visión, federalismo y cultura confluyen en la multiculturalidad. Y, ya instalado de lleno en su especialidad, demuestra que ambos se consagran en nuestro texto constitucional. Luego se explaya en el análisis de la constitución argentina de 1994. Dice, entre otras consideraciones:

Por fin, la constitución trae indicaciones alusivas a equilibrar desarrollos desiguales. El párrafo segundo del inc. 19 obliga al congreso a promover políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones; en tanto el inc. 2º señala que la distribución de la coparticipación impositiva habrá –entre otras cosas- de priorizar el logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio; y el inc. 8º remite a estas mismas pautas cuando se refiere a la fijación anual del presupuesto general de gastos y recursos.

Y concluye:

La pregunta del título ¿Un federalismo cultural? parece que ha recibido respuesta afirmativa: la constitución diseña con buenos trazos una descentralización de base cultural que, al diversificar las culturas y al integrarlas a una cultura común multiforme, muestra parentesco con la descentralización federal. Un vocabulario politológico sin estrecheces nos haría fácil, entonces, acudir a la palabra autonomía para postular que, en nuestra sociedad pluricultural, la localización de una cultura y de cada cultura necesita que su fuente de origen opere como canal introductorio y receptivo en la constitución cultural.

Sintetizando podemos decir que en este autor federalismo, multicuturalismo e interculturalidad son para la argentina y sus gobiernos un mandato constitucional muy claro. Pero la realidad de nuestros presupuestos, de nuestras estructuras de administración cultural y de muchas de las políticas culturales que de ambos se devengan está muy lejos de esta contundencia. Y como para muestra vale un botón, los invito a leer la nota relacionada que publicamos hace algunos meses.

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La cultura partida

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